La escala Strengths and Stressors (SAS) es un instrumento de 56 ítems evaluado por profesionales clínicos, diseñado para valorar el funcionamiento familiar y el desarrollo psicosocial en entornos de protección infantil (Berry et al., 2003).
Desarrollada a partir de una modificación de la Escala de Evaluación Familiar de Carolina del Norte (NCFAS), la SAS se adaptó específicamente para captar la compleja interacción entre los puntos fuertes y los retos de las familias que caracterizan a los casos complejos de protección infantil (Kirk y Reed-Ashcraft, 2001). La escala emplea un sistema de valoración bidireccional que tiene en cuenta tanto las capacidades de las familias como sus vulnerabilidades, lo que proporciona un marco equilibrado para la evaluación y la planificación de la intervención.
Los fundamentos teóricos de la SAS se basan en la teoría de los sistemas ecológicos y en los enfoques centrados en las fortalezas aplicados a la práctica del bienestar infantil (Bronfenbrenner y Morris, 2006; Walsh, 2002). Este doble enfoque reconoce que las familias que acuden a los servicios de protección infantil suelen presentar tanto factores protectores que pueden potenciarse como factores de riesgo que requieren intervención. La escala está destinada a ser utilizada por profesionales clínicos cualificados que conozcan suficientemente a la familia a través de la observación directa, los expedientes de los casos o la información colaborativa procedente de múltiples fuentes.
La SAS consta de seis ámbitos distintos que evalúan de forma exhaustiva el funcionamiento familiar:
Las investigaciones han demostrado la utilidad de la escala SAS para distinguir entre diferentes tipos de maltrato, con una sensibilidad especial hacia el maltrato físico en comparación con el abandono (Berry et al., 2003). El sistema de puntuación bidireccional de la escala, que abarca desde factores estresantes graves hasta puntos fuertes evidentes, permite a los profesionales identificar objetivos específicos de intervención sin perder de vista los recursos familiares existentes y los factores de protección (Blair et al., 2009).
En la práctica clínica, la SAS cumple múltiples funciones dentro de los servicios de protección infantil. Los profesionales utilizan este instrumento durante las evaluaciones iniciales para elaborar perfiles familiares exhaustivos que sirvan de base para las decisiones de planificación de los casos (Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU., 2018). La estructura de dominios de la escala facilita la planificación de intervenciones específicas, ya que destaca las áreas concretas que requieren apoyo, al tiempo que reconoce los puntos fuertes existentes en la familia que pueden incorporarse a los enfoques terapéuticos. Por ejemplo, una familia que muestre claras fortalezas en el apoyo social, pero factores estresantes significativos en las capacidades parentales, podría beneficiarse de intervenciones que aprovechen su red de apoyo para mejorar las habilidades parentales a través de la tutoría entre pares o grupos de juego con apoyo. La SAS también funciona como herramienta de seguimiento de resultados, y su aplicación repetida documenta el progreso de la familia y sirve de base para las decisiones sobre la intensidad de los servicios, el cierre del caso o la planificación de alternativas de permanencia.
La escala utiliza una escala de valoración de 6 puntos para cada ítem, que va de -3 a +2, donde las puntuaciones negativas indican factores de estrés y las positivas representan puntos fuertes. Esta escala asimétrica reconoce que, en los contextos de protección infantil, los factores de riesgo pueden requerir una diferenciación más matizada que los factores protectores. Los ítems de cada dominio se suman para obtener puntuaciones brutas, que luego se promedian para generar puntuaciones a nivel de dominio, manteniendo el rango de -3 a +2.
Las puntuaciones positivas más altas en los distintos ámbitos indican la resiliencia y la capacidad de la familia, mientras que las puntuaciones negativas ponen de manifiesto vulnerabilidades y riesgos. La escala no arroja una puntuación total, lo que anima a los profesionales a centrarse en el perfil único de fortalezas y dificultades de cada familia, en lugar de reducir las complejas dinámicas familiares a un único indicador de riesgo. Este enfoque específico por ámbitos facilita la planificación de intervenciones específicas y permite a los profesionales realizar un seguimiento del progreso diferencial en los distintos aspectos del funcionamiento familiar a lo largo del tiempo.
Intervalos de puntuación bruta por ámbito:
Pautas de interpretación de las puntuaciones medias por dominio:

En la primera administración, se muestra un gráfico de barras horizontales de dos ejes en el que se presentan las puntuaciones de los seis dominios, con valores que oscilan entre -3 y +2. En las administraciones posteriores, se muestra un gráfico de líneas de todos los dominios para realizar un seguimiento de las puntuaciones a lo largo del tiempo.

La SAS demuestra una sólida validez de constructo como medida del funcionamiento familiar en contextos de protección infantil. La investigación de validación inicial realizada por Berry et al. (2003) demostró la capacidad de la escala para diferenciar entre familias que sufren distintas formas de maltrato, lo que respalda su validez discriminante. El instrumento mostró una sensibilidad especial a la hora de identificar familias en las que el maltrato físico era la principal preocupación, lo que sugiere una sólida validez de criterio para este factor de riesgo específico.
Los análisis de fiabilidad han arrojado coeficientes de consistencia interna sistemáticamente elevados en todos los dominios de la escala. Berry et al. (2003) comunicaron valores alfa que oscilaban entre α = 0,88 y 0,91 en su muestra de validación, compuesta por 53 familias que recibían servicios de una agencia metropolitana de protección infantil. Estos resultados indican una excelente fiabilidad interna, lo que sugiere que los ítems de cada dominio miden de forma coherente los constructos a los que se refieren. Los elevados valores de consistencia interna respaldan el uso de la escala tanto como herramienta de evaluación integral como medida específica de cada dominio del funcionamiento familiar.
La estructura factorial del SAS se ajusta a su marco teórico de seis ámbitos, aunque los estudios de análisis factorial publicados al respecto son escasos. La organización conceptual en los ámbitos de «Entorno», «Apoyo social», «Capacidades parentales», «Interacciones familiares», «Seguridad familiar» y «Bienestar infantil» refleja los marcos de evaluación del bienestar infantil ya consolidados y ha demostrado su utilidad clínica en entornos prácticos. Esta estructura permite a los profesionales elaborar planes de intervención diferenciados centrados en áreas específicas del funcionamiento familiar, al tiempo que se mantiene una perspectiva holística de la dinámica familiar.
En cuanto a la sensibilidad al cambio, Berry et al. (2003) constataron que la SAS detectó con éxito mejoras en el funcionamiento familiar a lo largo de la intervención. Esta capacidad de respuesta al cambio respalda la utilidad de la escala como herramienta de seguimiento de los resultados, ya que permite a los profesionales supervisar el progreso de la familia y ajustar las intervenciones en consecuencia. La capacidad de captar tanto el deterioro como la mejora de las circunstancias familiares hace que la SAS resulte especialmente valiosa para la gestión continua de los casos y la toma de decisiones sobre la prestación de servicios.
Los datos normativos de la SAS siguen siendo limitados, y el estudio de validación principal ofrece valores de referencia iniciales procedentes de una población en situación de protección infantil. Berry et al. (2003) examinaron a 53 familias que recibían activamente servicios de protección infantil, aunque en la bibliografía publicada no se detallaron de forma exhaustiva las medias y desviaciones estándar específicas de las puntuaciones totales y por dominio. El sistema de puntuación bipolar de la escala, que va de -3 (factor de estrés grave) a +2 (fortaleza clara), proporciona un marco intuitivo para la interpretación, en el que las puntuaciones en torno a cero representan un funcionamiento adecuado o típico dentro de las normas de la comunidad. Investigaciones adicionales con muestras más amplias y diversas reforzarían la base normativa del instrumento.
La utilidad clínica de la escala se ve reforzada por su amplia cobertura de los factores relevantes para la toma de decisiones en materia de protección infantil. A diferencia de muchas herramientas de evaluación de riesgos que se centran principalmente en las deficiencias, el enfoque equilibrado de la SAS para identificar tanto los puntos fuertes como los factores de estrés se ajusta a las mejores prácticas actuales en materia de bienestar infantil, que hacen hincapié en la preservación de la familia y en las intervenciones basadas en los puntos fuertes cuando sea pertinente.
A diferencia de las herramientas tradicionales de evaluación de riesgos, que se centran principalmente en las carencias, el SAS utiliza un sistema de puntuación bidireccional (que va desde -3 para factores de estrés graves hasta +2 para puntos fuertes evidentes) que recoge tanto las vulnerabilidades familiares como los factores de protección. Este enfoque equilibrado es fundamental, ya que las familias que acuden a los servicios de protección infantil rara vez se presentan como totalmente disfuncionales: por lo general, presentan tanto dificultades que requieren intervención como puntos fuertes existentes que pueden aprovecharse. Al identificar lo que funciona bien junto con las áreas que suscitan preocupación, los profesionales pueden desarrollar intervenciones más eficaces y centradas en la familia que se basen en los recursos existentes, en lugar de limitarse a abordar los problemas.
La SAS cumple múltiples funciones a lo largo de la interacción de una familia con los servicios de protección infantil. Durante la evaluación inicial, ayuda a los profesionales a elaborar perfiles familiares exhaustivos en seis ámbitos: entorno, apoyo social, capacidades parentales, interacciones familiares, seguridad familiar y bienestar infantil. Esta evaluación estructurada sirve de base para las decisiones de planificación del caso y ayuda a identificar objetivos de intervención específicos. Para la gestión continua del caso, la SAS puede aplicarse repetidamente con el fin de supervisar el progreso de la familia y documentar los cambios a lo largo del tiempo. Las puntuaciones específicas de cada ámbito orientan a los profesionales a la hora de ajustar la intensidad de los servicios; por ejemplo, una familia que muestre una mejora en las capacidades parentales pero un deterioro en el apoyo social podría necesitar servicios diferentes a los previstos inicialmente. La escala también respalda las decisiones críticas sobre el cierre del caso o la planificación de una permanencia alternativa, al proporcionar evidencia objetiva de los cambios en el funcionamiento familiar.
La escala SAS está diseñada para que la completen profesionales clínicos cualificados, y no las propias familias. Los profesionales clínicos deben conocer suficientemente a la familia a través de la observación directa, los historiales del caso o la información recopilada de múltiples fuentes antes de puntuar los 56 ítems. Esto puede incluir visitas domiciliarias, observaciones en la consulta, informes escolares, historiales médicos y aportaciones de otros profesionales que trabajen con la familia. El enfoque basado en la valoración por parte del profesional garantiza una interpretación coherente de los criterios de valoración y permite integrar múltiples perspectivas que los miembros de la familia podrían no ser capaces de aportar de forma objetiva sobre su propio funcionamiento. Esta recopilación exhaustiva de información es esencial, ya que la escala evalúa constructos complejos en seis ámbitos que requieren un juicio profesional para ser evaluados con precisión.
El hecho de que la SAS se centre en comportamientos observables y en el funcionamiento, más que en los valores culturales, hace que sea aplicable a poblaciones muy diversas, aunque es esencial tener en cuenta la sensibilidad cultural a la hora de interpretarla. Lo que constituye una «fortaleza» o un «factor estresante» en ámbitos como las interacciones familiares o el apoyo social puede variar significativamente de una cultura a otra. Por ejemplo, la participación de la familia extensa podría ser una clara fortaleza en culturas colectivistas, pero interpretarse de manera diferente en contextos individualistas. Los profesionales clínicos deben tener en cuenta las normas culturales al valorar los ítems sobre prácticas disciplinarias, estructura familiar y conexiones sociales. La flexibilidad de la escala permite a los profesionales documentar factores protectores específicos de cada cultura que podrían no quedar reflejados en herramientas de evaluación más rígidas. Sin embargo, los profesionales clínicos deben recibir formación en competencia cultural y consultar con mediadores culturales al evaluar a familias de orígenes diferentes al suyo.
Berry, M., Cash, S., & Mathieson, S. (2003). Validation of the strengths and stressors tracking device with a child welfare population. Child Welfare, 82(3), 293-318.
Berry, M., Cash, S., & Mathieson, S. (2003). Validation of the strengths and stressors tracking device with a child welfare population. Child Welfare, 82(3), 293-318. https://eric.ed.gov/?id=EJ673625
Bronfenbrenner, U., & Morris, P. A. (2006). The bioecological model of human development. In R. M. Lerner & W. Damon (Eds.), Handbook of child psychology: Theoretical models of human development (6th ed., Vol. 1, pp. 793-828). John Wiley & Sons.
Blair, K. D., Taylor, D. B., & Rivera, C. J. (2009). Strengths and stressors in a population of kinship caregivers: Implications for caseload management and administration. Families in Society, 90(4), 431-438. https://doi.org/10.1606/1044-3894.3927
Reed-Ashcraft, K., Kirk, R. S., & Fraser, M. W. (2001). The reliability and validity of the North Carolina Family Assessment Scale. Research on Social Work Practice, 11(4), 503-520. https://doi.org/10.1177/104973150101100406
U.S. Department of Health and Human Services. (2018). Child protective services: A guide for caseworkers. Children’s Bureau, Administration for Children and Families. https://www.childwelfare.gov/pubPDFs/cps2018.pdf