El Cuestionario de Trastornos del Estado de Ánimo (MDQ) es un instrumento de cribado de autoevaluación compuesto por 15 ítems destinado a detectar los trastornos bipolares en adultos. El MDQ evalúa los antecedentes a lo largo de la vida de síntomas maníacos e hipomaníacos según los criterios del DSM, junto con la agrupación de síntomas y el deterioro funcional (Hirschfeld et al., 2000).
Los ítems del Cuestionario de Trastornos del Estado de Ánimo (MDQ) evalúan una serie de aspectos que reflejan los diversos criterios sintomáticos de la hipomanía y la manía, entre los que se incluyen el estado de ánimo elevado, el aumento de la energía y la actividad, la grandiosidad, la disminución de la necesidad de dormir, los pensamientos acelerados, la distracción, el aumento de la actividad orientada a objetivos y el comportamiento impulsivo o de riesgo. Aunque el MDQ se diseñó originalmente como una herramienta de cribado unidimensional, investigaciones posteriores de análisis factorial han identificado dos dimensiones distintas subyacentes a los ítems sintomáticos:
Estas dimensiones muestran distintos patrones de asociación con la psicopatología y la personalidad; así, la activación positiva se asocia específicamente con el trastorno bipolar, mientras que la activación negativa se relaciona de manera más amplia con una serie de trastornos caracterizados por la desregulación emocional (Stanton y Watson, 2017; Carpenter et al., 2020).
Ejemplo de elemento MDQ

En la práctica clínica, el MDQ puede utilizarse para identificar a las personas que podrían requerir una evaluación exhaustiva adicional para descartar un trastorno bipolar. Esto resulta especialmente valioso, ya que muchos pacientes con trastorno bipolar acuden a consulta durante episodios depresivos y es posible que no informen espontáneamente de síntomas hipomaníacos o maníacos previos. La identificación temprana favorece el acceso oportuno a un tratamiento adecuado, ya que las intervenciones eficaces para el trastorno bipolar difieren significativamente de las indicadas para la depresión unipolar. La estructura de subescalas también aporta una utilidad clínica adicional al ayudar a diferenciar entre los perfiles de síntomas que pueden indicar un trastorno bipolar y otros trastornos caracterizados por inestabilidad emocional e impulsividad.
La fiabilidad interna del Cuestionario de Trastornos del Estado de Ánimo (MDQ) es elevada, con un alfa de Cronbach de 0,88 según lo descrito por Stanton y Watson (2017) en una muestra de 700 participantes que recibían tratamiento psiquiátrico. Carpenter et al. (2020) confirmaron esta estructura de dos factores en una muestra clínica más amplia (N = 1787), y señalaron una buena consistencia interna tanto para la subescala de Activación Positiva (α = 0,82; 4 ítems) como para la subescala de Activación Negativa (α = 0,73; 6 ítems). La correlación latente entre los dos factores fue moderada (r = 0,45), lo que indica dimensiones relacionadas pero distintas.
Tradicionalmente, para que el cribado con el MDQ dé positivo se requiere que se cumplan 7 o más de los 13 ítems de síntomas, que se presenten múltiples síntomas al mismo tiempo y que los síntomas provoquen un deterioro psicosocial notable (Hirschfeld et al., 2000). En estas condiciones, el estudio de validación original informó de una buena sensibilidad (73 %) y una especificidad muy buena (90 %) para el diagnóstico del trastorno bipolar. Sin embargo, investigaciones posteriores han arrojado resultados variables en función del contexto clínico y la población. Un metaanálisis reciente (Arbona-Lampaya et al., 2024) de 21 estudios reveló que, con el umbral estándar de 7 o más síntomas, la sensibilidad resumida era de 0,62 y la especificidad resumida de 0,85 al agrupar los datos de todos los estudios. La sensibilidad fue notablemente mayor al comparar el trastorno bipolar con la depresión unipolar (0,76), pero se redujo significativamente (0,37) en los estudios que excluían a los pacientes con trastorno bipolar conocido, lo que sugiere que el MDQ funciona mejor como herramienta de cribado entre pacientes con trastornos del estado de ánimo que como instrumento de detección de casos en la población general.
Las investigaciones que analizan las asociaciones del MDQ con validadores externos han revelado que las puntuaciones elevadas se relacionan con trastornos de ansiedad, trastornos relacionados con el trauma, trastornos por consumo de sustancias, trastornos alimentarios y trastornos del control de los impulsos, además del trastorno bipolar (Zimmerman et al., 2011; Paterniti y Bisserbe, 2018). Esta falta de especificidad se debe en gran medida a la dimensión de Activación Negativa, que muestra fuertes asociaciones positivas con una amplia gama de psicopatologías, incluyendo trastornos depresivos, trastornos de la personalidad, TEPT, trastorno de ansiedad generalizada y trastornos por consumo de sustancias. Por el contrario, la Activación Positiva se asocia positivamente de forma específica con el diagnóstico de trastorno bipolar y muestra asociaciones negativas con los trastornos depresivos, el TEPT y algunos trastornos por consumo de sustancias (Carpenter et al., 2020). Este patrón diferencial de asociaciones subraya el valor clínico de examinar los perfiles de las subescalas en lugar de basarse únicamente en las puntuaciones totales.
Una reciente investigación a gran escala (Cantone et al., 2025) ha puesto de relieve los debates actuales sobre la precisión diagnóstica del MDQ en muestras de la población general, con resultados que sugieren una alta especificidad (96,2 %), pero una baja sensibilidad (42,9 %) para la detección del trastorno bipolar.
Se presentan los percentiles clínicos de las dos subescalas, tal y como los desarrollaron Carpenter et al. (2020) a partir de un estudio realizado con más de 1.700 pacientes ambulatorios que acudieron a tratamiento con diversos diagnósticos. Un percentil de 50 significa que el paciente ha obtenido una puntuación en el nivel medio en comparación con el grupo clínico correspondiente a esa subescala.
El trastorno bipolar suele estar infradiagnosticado o mal diagnosticado; las investigaciones indican que, a menudo, las personas esperan años desde la aparición de los síntomas hasta recibir un diagnóstico preciso. Este retraso se debe, en parte, a que muchas personas buscan ayuda durante los episodios depresivos y no durante los estados de ánimo eufórico, lo que da lugar a un diagnóstico erróneo de depresión unipolar. Un diagnóstico erróneo puede dar lugar a un tratamiento inadecuado, ya que las intervenciones eficaces para la depresión unipolar pueden resultar menos eficaces o incluso desestabilizadoras en el caso del trastorno bipolar. El cribado sistemático ayuda a identificar a las personas que podrían beneficiarse de una evaluación más exhaustiva, lo que favorece un acceso más temprano al tratamiento adecuado y puede reducir la carga de la enfermedad a lo largo del tiempo.
Sí, las manifestaciones del espectro bipolar se dan a lo largo de un continuo. Algunas personas experimentan síntomas hipomaníacos que no alcanzan el umbral de duración necesario para un episodio hipomaníaco formal, o pueden presentar una inestabilidad del estado de ánimo significativa que no encaja claramente en las categorías diagnósticas. Estas manifestaciones subclínicas pueden seguir causando malestar y deterioro, y podría ser conveniente someterlas a un estudio más detallado.
Las dos subescalas aportan información importante más allá de la puntuación total. La activación positiva (aumento de la energía, grandiosidad, disminución de la necesidad de dormir) muestra una asociación específica con el diagnóstico de trastorno bipolar y es menos frecuente que se eleve en otros trastornos. La activación negativa (irritabilidad, pensamientos acelerados, distracción) se encuentra elevada en muchos trastornos caracterizados por la desregulación emocional. Cuando un cliente muestra una activación negativa elevada con una activación positiva mínima, podrían considerarse explicaciones alternativas como los trastornos de ansiedad, el TEPT, el trastorno límite de la personalidad o el TDAH.
El MDQ resulta especialmente útil a la hora de evaluar a los pacientes que presentan síntomas depresivos, ya que el trastorno bipolar a menudo puede diagnosticarse erróneamente como depresión unipolar. Muchas personas con trastorno bipolar acuden a tratamiento durante los episodios depresivos y es posible que no mencionen espontáneamente experiencias hipomaníacas o maníacas que hayan tenido en el pasado. El MDQ evalúa sistemáticamente estos síntomas a lo largo de la vida, lo que permite identificar a los pacientes que requieren enfoques terapéuticos diferentes. La estructura de subescalas facilita el diagnóstico diferencial al distinguir entre los patrones de síntomas más específicos del trastorno bipolar (positivos) y aquellos comunes a múltiples trastornos (negativos).
Todo el mundo experimenta variaciones en el estado de ánimo, pero los episodios del trastorno bipolar se distinguen por su intensidad, duración e impacto en el funcionamiento. Los cambios normales del estado de ánimo suelen ser proporcionales a las circunstancias, relativamente breves y no afectan de manera significativa a la vida cotidiana. Por el contrario, los episodios maníacos o hipomaníacos implican un cambio notable con respecto al estado habitual de la persona, con síntomas que se agrupan durante un período prolongado y que a menudo afectan al sueño, la energía, el comportamiento y el juicio de formas que los demás pueden observar. El MDQ pregunta si los síntomas se produjeron durante el mismo periodo de tiempo y causaron problemas funcionales, lo que ayuda a distinguir los episodios clínicamente significativos de la variabilidad del estado de ánimo cotidiana.
Hirschfeld, R. M. A., Williams, J. B. W., Spitzer, R. L., Calabrese, J. R., Flynn, L., Keck Jr, P. E., Lewis, L., McElroy, S. L., Post, R. M., Rapport, D. J., Russell, J. M., Sachs, G. S., & Zajecka, J. (2000). Development and validation of a screening instrument for bipolar spectrum disorder: The Mood Disorder Questionnaire. American Journal of Psychiatry, 157(11), 1873-1875. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.157.11.1873
Arbona-Lampaya, A., Sung, H., D’Amico, A., Knowles, E. E. M., Besançon, E. K., Freifeld, A., Lacbawan, L., Lopes, F., Kassem, L., Nardi, A. E., & McMahon, F. J. (2025). Heritability, phenotypic, and genetic correlations across dimensional and categorical models of bipolar disorder in a family sample. Journal of Affective Disorders, 372, 394–401. https://doi.org/10.1016/j.jad.2024.12.030
Cantone, E., Urban, A., Cossu, G., Atzeni, M., Fragoso Castilla, P. J., Giraldo Jaramillo, S., Carta, M. G., & Tusconi, M. (2025). The inaccuracy of the Mood Disorder Questionnaire for bipolar disorder in a community sample: From the “DYMERS” construct toward a new instrument for detecting vulnerable conditions. Journal of Clinical Medicine, 14(9), 3017. https://doi.org/10.3390/jcm14093017
Carpenter, R. W., Stanton, K., Emery, N. N., & Zimmerman, M. (2020). Positive and Negative Activation in the Mood Disorder Questionnaire: Associations With Psychopathology and Emotion Dysregulation in a Clinical Sample. Assessment, 27(2), 219–231. https://doi.org/10.1177/1073191119851574
Hirschfeld, R. M., Williams, J. B., Spitzer, R. L., Calabrese, J. R., Flynn, L., Keck, P. E., Jr, Lewis, L., McElroy, S. L., Post, R. M., Rapport, D. J., Russell, J. M., Sachs, G. S., & Zajecka, J. (2000). Development and validation of a screening instrument for bipolar spectrum disorder: The Mood Disorder Questionnaire. The American Journal of Psychiatry, 157(11), 1873–1875. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.157.11.1873
Mundy, J., Hübel, C., Adey, B. N., Davies, H. L., Davies, M. R., Coleman, J. R. I., Hotopf, M., Kalsi, G., Lee, S. H., McIntosh, A. M., Rogers, H. C., Eley, T. C., Murray, R. M., Vassos, E., & Breen, G. (2023). Genetic examination of the Mood Disorder Questionnaire and its relationship with bipolar disorder. American journal of medical genetics. Part B, Neuropsychiatric Genetics, 192(7-8), 147–160. https://doi.org/10.1002/ajmg.b.32938
Paterniti, S., Bisserbe, JC. Pharmacotherapy for bipolar disorder and concordance with treatment guidelines: Survey of a general population sample referred to a tertiary care service. BMC Psychiatry 13, 211 (2013). https://doi.org/10.1186/1471-244X-13-211
Stanton, K., & Watson, D. (2017). Explicating the structure and relations of the Mood Disorder Questionnaire: Implications for screening for bipolar and related disorders. Journal of Affective Disorders, 220, 72-78. https://psycnet.apa.org/doi/10.1016/j.jad.2017.05.046
Zimmerman, M., Galione, J. N., Chelminski, I., Young, D., & Dalrymple, K. (2011). Psychiatric diagnoses in patients who screen positive on the Mood Disorder Questionnaire: Implications for using the scale as a case-finding instrument for bipolar disorder. Psychiatry Research, 185(3), 444-449. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2010.06.025