Inventario Obsesivo-Compulsivo – Revisado – Padres (ChOCI-R-P)

El Inventario de Trasto Obsesivo-Compulsivo Infantil – Revisado – Informe de los Padres (ChOCI-R-P) es una escala de 38 ítems, cumplimentada por los padres, que evalúa los síntomas del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) en niños y adolescentes de entre 7 y 17 años (Uher et al., 2008). La cumplimenta uno de los padres o el cuidador que conozca bien las experiencias del niño. También existe una versión de autoevaluación del ChOCI (ChOCI-R-S) que pueden completar los niños o adolescentes de entre 7 y 17 años.

Preguntas Frecuentes

Los síntomas y el deterioro miden dimensiones relacionadas, pero distintas: la frecuencia y la intensidad con que se presentan los síntomas, y en qué medida alteran la vida cotidiana. Ambos pueden variar de forma independiente y la propia diferencia entre ellos es reveladora. Cuando los síntomas son elevados pero el deterioro es menor, entre las posibles explicaciones se incluyen una aparición temprana, estrategias de afrontamiento eficaces o rutinas familiares que se adaptan a los síntomas de manera que amortiguan el impacto funcional. El perfil inverso (síntomas menores con un deterioro elevado) puede indicar que los síntomas presentes están especialmente arraigados o son especialmente angustiosos, o que el progenitor está observando efectos funcionales sin identificar plenamente los síntomas subyacentes. Ambos perfiles divergentes justifican que, durante la formulación, se vaya más allá de las cifras totales.

Las discrepancias entre los informantes son habituales y la propia diferencia constituye un dato clínico útil. Los padres suelen tener una mejor percepción de las compulsiones observables (lavarse, comprobar, pedir que les tranquilicen) y tienden a subestimar las obsesiones y los rituales encubiertos. Los niños pueden no informar de todos los síntomas cuando estos les producen vergüenza, cuando su conciencia del problema es limitada (más habitual en los niños más pequeños) o cuando han aprendido a ocultar los síntomas ante sus cuidadores. Cuando la puntuación de los padres supera sustancialmente la del niño, hay que considerar la posibilidad de una percepción limitada, una minimización o un ocultamiento de los síntomas. Cuando la puntuación del niño supera la de los padres, hay que sospechar de la existencia de síntomas encubiertos o de contenidos que el niño no ha revelado en casa. Ambos informes siguen siendo válidos; la divergencia se convierte en un punto de debate para la formulación y, con frecuencia, pone de manifiesto patrones de adaptación familiar que merece la pena abordar en el tratamiento.

El rango de edad validado es de 7 a 17 años. En ensayos de tratamiento posteriores se ha aplicado la escala a niños de tan solo 5 años en muestras pequeñas y a partir de los 7 años. Su uso en menores de 7 años debe interpretarse con precaución, ya que la interpretación de los percentiles puede ser menos fiable, dado que la distribución de referencia no incluye este extremo del rango. La muestra de referencia incluía a jóvenes de 18 años, por lo que la escala puede utilizarse a esta edad, aunque una escala de autoevaluación para adultos, como el OCI-R, podría resultar más adecuada.

En el caso de la TCC activa con exposición y prevención de la respuesta, la evaluación semanal o quincenal del ChOCI-R-P realizada por los padres proporciona una señal a nivel de sesión: una disminución en la subescala de «Compulsión», junto con una subescala de «Obsesión» que sigue elevada, suele indicar que la familia está reduciendo los rituales observables, mientras que el contenido obsesivo subyacente sigue sin tratarse, lo que sugiere que la jerarquía de exposición debe orientarse hacia el pensamiento temido en lugar de hacia la conducta. Una puntuación de «Deterioro» estable o en aumento, a pesar de que las puntuaciones de «Síntomas» disminuyan, suele indicar una adaptación familiar arraigada que aún no se ha abordado. Los estancamientos que se prolongan durante varias semanas justifican una revisión de la jerarquía y una comprobación del cumplimiento de la exposición entre sesiones. En la fase de mantenimiento o seguimiento, los intervalos de 4 a 6 semanas suelen ser suficientes para detectar una reaparición de forma precoz. Los protocolos de los ensayos clínicos han utilizado tanto programas semanales como programas antes, después y a los tres meses.

Sí, siempre que el niño sea capaz de completar un autoinforme. El ChOCI-R-P, valorado por los padres, y el ChOCI-R-S, autoevaluado por el niño, resultan más eficaces cuando se utilizan conjuntamente: la administración de ambos en la evaluación inicial proporciona al profesional clínico una referencia basada en múltiples fuentes de información que permite formular un diagnóstico y planificar el tratamiento con mayor seguridad. Durante el tratamiento activo, ambas medidas pueden utilizarse de forma flexible. La aplicación semanal o quincenal del ChOCI-R-P es la práctica habitual para realizar un seguimiento de los cambios observables, junto con la aplicación periódica del ChOCI-R-S para comprobar si la propia experiencia del niño está evolucionando en consonancia con el cuadro conductual. En el caso de los niños más pequeños que no pueden realizar un autoinforme fiable, el ChOCI-R-P por sí solo sigue siendo una sólida herramienta de seguimiento del progreso.

Developer

Uher, R., Heyman, I., Turner, C. M., & Shafran, R. (2008). Self-, parent-report and interview measures of obsessive–compulsive disorder in children and adolescents. Journal of Anxiety Disorders, 22(6), 979-990. doi:10.1016/j.janxdis.2007.10.001

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