El MSI-BPD es un instrumento de autoevaluación compuesto por 10 ítems que se utiliza para detectar el trastorno límite de la personalidad (TLP; Zanarini et al., 2003) en jóvenes (de 15 años o más; Chanen et al., 2008; Noblin et al., 2013; van Alebeek et al., 2017) o en adultos.
El Instrumento de Detección de McLean para el Trastorno Límite de la Personalidad (MSI-BPD) es un instrumento de autoevaluación de 10 ítems destinado a la detección del trastorno límite de la personalidad (TLP; Zanarini et al., 2003). El MSI-BPD ha sido validado para su uso con jóvenes de 15 años o más (Chanen et al., 2008; Noblin et al., 2013; van Alebeek et al., 2017) y adultos.
La detección del TLP es una cuestión clínica importante, dado que se trata de un problema de salud pública significativo que, en la práctica clínica, suele pasar desapercibido y estar infradiagnosticado (Zimmerman y Balling, 2021). En el caso de los pacientes diagnosticados con TLP, el lapso entre la búsqueda inicial de tratamiento y el diagnóstico correcto suele ser de más de 10 años (Magnavita et al., 2010). Dado que el TLP se asocia con altas tasas de autolesiones, intentos de suicidio y muertes por suicidio en adultos y adolescentes, el cribado y la evaluación del TLP constituyen una intervención clínica importante (Boylan et al., 2019).
El MSI-BPD se basa en un subconjunto de preguntas del módulo sobre el trastorno límite de la Entrevista Diagnóstica para los Trastornos de la Personalidad del DSM-IV (DIPD-IV; Zanarini et al., 2003). Cada ítem corresponde a uno de los nueve criterios diagnósticos del TLP del DSM-5, con la excepción del criterio de paranoia/disociación, que se evalúa mediante dos ítems, lo que da un total de 10 ítems. Los ítems están redactados de tal manera que una respuesta positiva indica la presencia de síntomas del TLP.
Cada ítem se puntúa en una escala dicotómica, en la que 1 corresponde a «presente» y 0 a «ausente». La puntuación total oscila entre 0 y 10.
Una puntuación de 7 o más supera el umbral tradicional para la detección del TLP (Zanarini et al., 2003). Una puntuación de 5 o 6 sugiere que no se puede descartar el TLP y se recomienda una evaluación más exhaustiva, ya que las investigaciones indican que el 19 % de las personas con TLP obtienen una puntuación inferior a 7 (Zanarini et al., 2003; Zimmerman y Balling, 2021). Las puntuaciones de 4 o menos indican que los niveles de síntomas no son compatibles con el TLP.
Se presenta un percentil que compara la puntuación del encuestado con una muestra universitaria de 235 estudiantes estadounidenses (55 % mujeres; edad media de 18,5 años; Klonsky y Glenn, 2009). Este grupo de comparación no clínico obtuvo una puntuación media de 4,83 (DE = 2,64). Un percentil cercano a 50 indica que la puntuación es típica de esta muestra de comparación. Las etiquetas de los percentiles se muestran en la parte derecha del gráfico a modo de referencia.
En la primera administración, se muestra un gráfico de barras con la puntuación total.
Cuando la evaluación se realiza varias veces, se genera un gráfico lineal longitudinal para seguir la evolución de la puntuación total a lo largo del tiempo.
Cada ítem marcado en el MSI-BPD se corresponde con un criterio específico del DSM-5 y proporciona información clínicamente relevante para la planificación del tratamiento. Se recomienda a los profesionales clínicos que revisen qué ítems se han marcado para identificar las áreas sintomáticas específicas que puedan resultar más relevantes para la intervención. El patrón de los ítems marcados puede ayudar a orientar el enfoque terapéutico y servir de base para la conceptualización del caso.
El MSI-BPD ha demostrado una fiabilidad y validez satisfactorias en múltiples estudios (Zanarini et al., 2003; Zimmerman y Balling, 2021). El estudio de validación original arrojó un alfa de Cronbach de 0,74 y una fiabilidad test-retest de ρ = 0,72 (Zanarini et al., 2003).
Gardner y Qualter (2009) observaron que el MSI-BPD presentaba una alta correlación con otras herramientas de detección del TLP en una muestra mixta compuesta por miembros de la comunidad y estudiantes. El análisis factorial confirmatorio realizado en ese estudio indicó que el MSI-BPD evalúa adecuadamente el TLP como un constructo global.
Un análisis a gran escala basado en la teoría de respuesta al ítem (IRT) realizado con 22 035 estudiantes universitarios confirmó que el MSI-BPD es unidimensional y cumple los supuestos de independencia local (Martin et al., 2023). Este estudio también examinó el funcionamiento diferencial de los ítems (DIF) según el género y descubrió que, si bien algunos ítems mostraban pequeñas diferencias de género en los patrones de respuesta, los tamaños del efecto globales eran insignificantes. La diferencia estandarizada de la puntuación verdadera esperada a nivel de prueba fue de 0,05, lo que indica que el MSI-BPD funciona de manera equivalente para hombres y mujeres.
Cabe destacar que los ítems que proporcionaron mayor información de medición fueron la labilidad afectiva y los sentimientos crónicos de vacío, mientras que el ítem relativo a las relaciones inestables fue el que menos información aportó, lo que posiblemente refleje la inestabilidad relacional habitual en las muestras de menor edad (Martin et al., 2023).
Los datos empíricos anteriores han sugerido que una puntuación de 7 o más constituye un umbral clínico útil para el cribado del TLP en adultos (Zanarini et al., 2003), con una sensibilidad del 81 % y una especificidad del 85 %. Una revisión de la literatura sobre más de 1473 sujetos determinó que una sensibilidad del 90 % (una mayor sensibilidad es importante para una prueba de detección) requiere una puntuación de corte ligeramente inferior a 7, y varios estudios requieren un umbral de 5 o 6 para alcanzar una sensibilidad del 90 % (Zimmerman y Balling, 2021). En el caso de la población adolescente, Noblin et al. (2013) observaron que un umbral más bajo (6 o superior) podría resultar beneficioso.
Los datos normativos del MSI-BPD proceden de Klonsky y Glenn (2009), quienes aplicaron el cuestionario a una muestra no clínica de 235 estudiantes universitarios de Estados Unidos (55 % mujeres; edad media de 18,5 años). Esta muestra obtuvo una puntuación media de 4,83 (DE = 2,64). Como grupo de comparación no clínico, esta muestra proporciona un contexto para interpretar las puntuaciones individuales en relación con una población general de adultos jóvenes sin psicopatología identificada. Los rangos percentiles se calculan basándose en esta distribución, y un percentil de 50 indica una puntuación típica para esta muestra de comparación.
El trastorno límite de la personalidad es más frecuente de lo que muchos creen. Las investigaciones indican que aproximadamente entre el 2 % y el 6 % de la población adulta general cumple los criterios del TLP, aunque se observan tasas más elevadas en entornos clínicos: alrededor del 10-20 % de los pacientes psiquiátricos ambulatorios y del 20-40 % de los pacientes psiquiátricos hospitalizados. El TLP puede aparecer durante la adolescencia, la edad adulta temprana o más adelante en la vida, y puede afectar a personas de cualquier origen. A pesar de su prevalencia, el TLP suele pasar desapercibido, lo que constituye una de las razones por las que las herramientas de cribado breves resultan valiosas para ayudar a identificar a las personas que podrían beneficiarse de una evaluación más exhaustiva.
El trastorno límite de la personalidad (TLP) es un problema importante de salud pública que, con frecuencia, no se reconoce ni se diagnostica adecuadamente en la práctica clínica. Las investigaciones indican que, en el caso de los pacientes a los que finalmente se les diagnostica un TLP, el tiempo medio que transcurre entre la primera consulta y la obtención de un diagnóstico preciso suele ser de más de 10 años. La detección precoz permite una identificación e intervención más tempranas.
Sí, el MSI-BPD ha sido validado para su uso en jóvenes de 15 años o más, así como en adultos. Las investigaciones respaldan la detección precoz del riesgo de TLP en adolescentes, ya que una intervención temprana puede reducir los costes emocionales, funcionales y económicos asociados al trastorno.
Una puntuación igual o superior al umbral clínico indica que una persona podría presentar síntomas compatibles con el trastorno límite de la personalidad y justifica una evaluación más exhaustiva, pero no constituye un diagnóstico. El MSI-BPD es un instrumento de cribado diseñado para identificar a las personas que podrían beneficiarse de una evaluación más exhaustiva, como una entrevista clínica estructurada. Las puntuaciones en el rango límite (5-6) también justifican una atención clínica.
Sí, investigaciones a gran escala que han utilizado el análisis basado en la teoría de respuesta al ítem han confirmado que el MSI-BPD funciona de manera equivalente en ambos sexos. Aunque algunos ítems concretos muestran pequeñas diferencias en los patrones de respuesta entre hombres y mujeres con el mismo nivel de gravedad del TLP —por ejemplo, las mujeres pueden ser ligeramente más propensas a responder afirmativamente a los ítems relacionados con las autolesiones y la labilidad afectiva, mientras que los hombres pueden ser más propensos a responder afirmativamente a los ítems relacionados con la ira en niveles de gravedad más bajos—, el efecto global de estas diferencias es pequeño y el MSI-BPD es igualmente válido para su uso tanto en hombres como en mujeres.
El MSI-BPD puede utilizarse en múltiples momentos a lo largo del proceso clínico. En la primera consulta, ayuda a identificar a las personas que podrían padecer un TLP no diagnosticado y que requieren una evaluación exhaustiva. El patrón de respuestas afirmativas a los ítems también puede aportar información para la conceptualización del caso y orientar el enfoque terapéutico; por ejemplo, una respuesta afirmativa destacada a los ítems relacionados con el vacío crónico, la perturbación de la identidad o los miedos al abandono puede indicar áreas que requieren atención clínica. Cuando se administra repetidamente a lo largo del tiempo, el MSI-BPD puede ayudar a realizar un seguimiento de los cambios en la presentación de los síntomas, aunque los profesionales clínicos deben ser conscientes de que, al tratarse de una herramienta de cribado con ítems dicotómicos, puede ser menos sensible a los cambios graduales que las medidas dimensionales de la gravedad del TLP.
Zanarini, M. C., Vujanovic, A. A., Parachini, E. A., Boulanger, J. L., Frankenburg, F. R., & Hennen, J. (2003). A screening measure for BPD: the McLean Screening Instrument for Borderline Personality Disorder (MSI-BPD). Journal of Personality Disorders, 17(6), 568–573. https://doi.org/10.1521/pedi.17.6.568.25355
Boylan, K., Chahal, J., Courtney, D. B., Sharp, C., & Bennett, K. (2019). An evaluation of clinical practice guidelines for self-harm in adolescents: The role of borderline personality pathology. Personality Disorders, 10(6), 500–510. https://doi.org/10.1037/per0000349
Chanen, A. M., Jovev, M. J., Djaja, D., McDougall, E., Yuen, H. P., Rawlings, D., & Jackson, H. J. (2008). Screening for borderline personality disorder in outpatient youth. Journal of Personality Disorders, 22(4), 353–364. https://doi.org/10.1521/pedi.2008.22.4.353
Gardner, K., & Qualter, P. (2009). Reliability and validity of three screening measures of borderline personality disorder in a nonclinical population. Personality and Individual Differences, 46, 636-641. https://doi.org/10.1016/j.paid.2009.01.005
Klonsky, E. D., & Glenn, C. R. (2009). Assessing the functions of non-suicidal self-injury: Psychometric properties of the Inventory of Statements About Self-injury (ISAS). Journal of Psychopathology and Behavioral Assessment, 31(3), 215–219. https://doi.org/10.1007/s10862-008-9107-z
Magnavita, J. J., Critchfield, K. L., Levy, K. N., & Lebow, J. L. (2010). Ethical considerations in treatment of personality dysfunction: Using evidence, principles, and clinical judgement. Professional Psychology: Research and Practice, 41, 64–74. https://doi.org/10.1037/a0017801
Martin, J. A., Tarantino, D. M., & Levy, K. N. (2023). Investigating gender-based differential item functioning on the McLean Screening Instrument for Borderline Personality Disorder (MSI-BPD): An item response theory analysis. Psychological Assessment, 35(5), 462–468. https://doi.org/10.1037/pas0001229
Noblin, J. L., Venta, A., & Sharp, C. (2014). The validity of the MSI-BPD among inpatient adolescents. Assessment, 21(2), 210–217. https://doi.org/10.1177/1073191112473177
van Alebeek, A., van der Heijden, P. T., Hessels, C., Thong, M.S.Y., & van Aken, M. (2017). Comparison of three questionnaires to screen for borderline personality disorder in adoles- cents and young adults. European Journal of Psychological Assessment, 33, 123–128. https://doi.org/10.1027/1015-5759/a000279
Zimmerman, M., & Balling, C. (2021). Screening for Borderline Personality Disorder with the McLean Screening Instrument: A Review and Critique of the Literature. Journal of Personality Disorders, 35(2), 288–298. https://doi.org/10.1521/pedi_2019_33_451