La Escala de Experiencias Disociativas en Adolescentes (A-DES) es una medida de autoinforme de 30 ítems diseñada para evaluar tanto las experiencias disociativas normales como las patológicas en adolescentes de 11 a 18 años (Armstrong et al., 1997).
La Escala de Experiencias Disociativas en Adolescentes (A-DES) fue desarrollada por Armstrong et al. (1997) para abordar la necesidad de una medida validada de disociación específica para adolescentes de 11 a 18 años. La escala de 30 ítems fue diseñada dentro de un marco teórico que conceptualiza la disociación a lo largo de un continuo, desde experiencias normales hasta patológicas, reconociendo también que la adolescencia puede representar un punto clave de transición del desarrollo donde la disociación normal y patológica comienzan a divergir (Armstrong et al., 1997).
Mientras que la Lista de Verificación Disociativa Infantil (CDC) proporciona una medida de informe parental para niños más pequeños y la Escala de Experiencias Disociativas (DES-II) (Carlson & Putnam, 1993) sirve como medida para adultos, la A-DES se dirige específicamente al período de desarrollo adolescente donde las experiencias disociativas pueden manifestarse de manera diferente. El subdominio de despersonalización/desrealización de la A-DES incluye ítems diseñados específicamente para evaluar la identidad disociada (sentimientos de desconexión de partes de uno mismo) y la relación disociada (sensación de que las relaciones interpersonales son inexplicablemente cambiantes e irreales), que son particularmente relevantes para el desarrollo adolescente (Armstrong et al., 1997).
La A-DES consta de ítems que evalúan experiencias disociativas en cuatro dominios que reflejan aspectos fundamentales de la disociación:
Amnesia disociativa (7 ítems): evalúa lagunas en la memoria y la conciencia. Los ejemplos incluyen recibir exámenes o tareas sin recordar haberlos hecho, encontrar escritos o dibujos que uno debe haber creado pero no recuerda haberlos hecho, que le cuenten cosas que uno ha hecho pero sin recordarlas, y tener lagunas de memoria significativas en la historia personal o en las actividades diarias.
Absorción e implicación imaginativa (6 ítems): mide un alto grado de inmersión en la fantasía o en actividades con una conciencia reducida del entorno. Los ejemplos incluyen estar tan absorto viendo televisión, leyendo o jugando videojuegos que uno no es consciente de los eventos circundantes, absorto en fantasías o sueños diurnos, y la capacidad de ignorar las distracciones del mundo real cuando se concentra en actividades específicas.
Influencia pasiva (5 ítems): examina experiencias de no tener control volitivo sobre las propias acciones, comportamientos o sensaciones. Los ejemplos incluyen habilidades inconsistentes (realizar tareas bien una vez pero mal otra sin explicación), sentirse obligado a hacer cosas sin querer, y experimentar sensaciones o comportamientos que se sienten involuntarios o controlados por algo más.
Despersonalización/desrealización (12 ítems): refleja sentimientos de desconexión de uno mismo o de percibir el mundo como irreal o distorsionado. Los ejemplos incluyen sentirse como en una niebla o "desconectado", observarse a sí mismo como si fuera desde fuera del propio cuerpo, sentir que el propio cuerpo no le pertenece, experimentar el mundo como irreal o onírico, sentir que hay diferentes personas dentro de uno mismo, y experimentar cambios repentinos e inexplicables en las relaciones con amigos o familiares.
La investigación ha demostrado consistentemente una relación entre las puntuaciones elevadas en la A-DES y el historial de trauma. Armstrong et al. (1997) encontraron que los adolescentes que reportaron abuso físico y sexual obtuvieron puntuaciones significativamente más altas que aquellos que no reportaron abuso. De manera similar, Brunner et al. (2000) informaron que los pacientes psiquiátricos adolescentes con antecedentes de abuso sexual tuvieron puntuaciones significativamente más altas en la A-DES que aquellos sin dicho historial. La escala también ha mostrado validez discriminante, con estudios que encontraron que los adolescentes con trastornos disociativos puntúan significativamente más alto que tanto los adolescentes normales como aquellos con trastornos psiquiátricos generales (Armstrong et al., 1997; Zoroglu et al., 2002).
El A-DES cumple múltiples propósitos clínicos. Como instrumento de cribado, puede identificar a adolescentes con síntomas disociativos significativos que podrían requerir una evaluación adicional para trastornos disociativos. La experiencia clínica sugiere que los síntomas disociativos suelen pasarse por alto en las evaluaciones de adolescentes, especialmente porque pueden confundirse con comportamientos adolescentes típicos, desafío oposicionista o dificultades de atención (Armstrong et al., 1997).
La identificación temprana permite intervenciones dirigidas, reduciendo el riesgo de que las dificultades persistan en la edad adulta. Para la formulación diagnóstica, la escala puede ayudar a los clínicos a distinguir entre experiencias de desarrollo normales y disociación patológica. También puede contribuir a la identificación de subtipos disociativos dentro de los trastornos psiquiátricos adolescentes comunes, lo que podría tener implicaciones para la planificación del tratamiento.
Los clínicos pueden encontrar el A-DES particularmente valioso como herramienta de entrevista. Una vez completado, los ítems respaldados por el adolescente pueden servir como punto de partida para una discusión clínica sobre experiencias disociativas que, de otro modo, podrían ser difíciles de verbalizar o reconocer espontáneamente para el joven. Este enfoque puede facilitar el compromiso con adolescentes que podrían tener dificultades para articular sus experiencias internas durante entrevistas clínicas no estructuradas.
El A-DES se puntúa calculando la media de los 30 ítems, lo que resulta en una puntuación total que oscila entre 0 y 10. Puntuaciones más altas indican una mayor frecuencia y severidad de las experiencias disociativas.

Las puntuaciones de las cuatro subescalas del A-DES pueden calcularse para proporcionar una comprensión más matizada de las experiencias disociativas del adolescente:
NovoPsych ha elaborado las siguientes directrices para facilitar la interpretación:
La puntuación total se expresa a menudo como un rango percentil basado en datos normativos de muestras de adolescentes no clínicos. Este percentil contextualiza la puntuación del adolescente en relación con sus pares, indicando el porcentaje de adolescentes que obtuvieron una puntuación inferior. Por ejemplo, una puntuación en el percentil 85 significa que el 85% de los adolescentes en la muestra normativa obtuvieron una puntuación inferior, situando al individuo en el rango superior de experiencias disociativas.

En la primera administración, se muestra un gráfico de barras apiladas con las puntuaciones promedio totales y de las subescalas, junto con un gráfico comparativo que ilustra las puntuaciones del cliente en relación con diferentes grupos de referencia.

Cuando la evaluación se administra varias veces, se genera un gráfico de líneas longitudinal para seguir los cambios en la puntuación total.

Además de un gráfico de puntuación promedio de subescala a lo largo del tiempo.

Al seguir el progreso clínico, un cambio significativo se define como un aumento o disminución de al menos media desviación estándar en la puntuación total (aproximadamente 0.9 puntos en la escala de 0 a 10). Este criterio se basa en el cálculo de la Diferencia Mínima Importante (DMI) (Turner et al., 2010). Dichos cambios indican una mejora o reducción significativa de los síntomas, mientras que un cambio inferior a los puntos especificados sugiere que no hay un cambio significativo en la severidad de los síntomas entre las evaluaciones. El monitoreo regular de las puntuaciones del A-DES puede ayudar a evaluar la efectividad del tratamiento y guiar la intervención.
El A-DES demuestra una buena validez de constructo en múltiples estudios. La validez convergente se ha establecido a través de su correlación significativa (r = 0.77) con la Escala de Experiencias Disociativas (DES) para adultos en una muestra de estudiantes universitarios (Smith & Carlson, 1996). La escala también se correlaciona moderadamente con la puntuación total de la Child Behavior Checklist (CBCL) (r = 0.41), así como con las escalas Externalizing (r = 0.44) e Internalizing (r = 0.33) de la CBCL (Seeley et al., 2004). Apoyando aún más su validez, el A-DES se correlaciona significativamente con las valoraciones de disociación de los terapeutas (r = 0.55) en muestras clínicas (Seeley et al., 2004).
La fiabilidad interna del A-DES es excelente en todos los estudios, con coeficientes alfa de Cronbach consistentemente en el rango de 0.92 a 0.94 (Armstrong et al., 1997; Farrington et al., 2001; Muris et al., 2003; Smith & Carlson, 1996). La fiabilidad para las subescalas teóricas también es generalmente buena, con coeficientes alfa de 0.85 para amnesia, 0.72 para absorción, 0.73 para influencia pasiva y 0.82 para despersonalización/desrealización (Armstrong et al., 1997). La fiabilidad test-retest en un período de dos semanas se ha reportado como 0.77 (Smith & Carlson, 1996), mientras que los coeficientes de fiabilidad de dos mitades (split-half) oscilan entre 0.90 y 0.94 en los estudios (Armstrong et al., 1997; Farrington et al., 2001; Smith & Carlson, 1996).
En cuanto a la dimensionalidad, los estudios de análisis factorial han encontrado consistentemente evidencia de una solución de un factor en lugar de la estructura teórica de cuatro factores. Farrington et al. (2001) realizaron un análisis de componentes principales con una muestra de 768 adolescentes no clínicos y encontraron que un solo factor explicaba el 39.1% de la varianza, con todos los ítems cargando al menos 0.40 en este factor. De manera similar, Muris et al. (2003) informaron que una solución de un solo factor explicaba el 36.4% de la varianza en su muestra de 331 adolescentes no clínicos. Lindfors et al. (2022) utilizaron métodos más robustos de la teoría de respuesta al ítem y también concluyeron que una estructura unidimensional era la mejor respaldada, mostrando el modelo teórico original de cuatro factores un ajuste deficiente. Estos hallazgos sugieren que, al menos en muestras no clínicas, el A-DES mide principalmente un constructo unidimensional de disociación en lugar de subtipos distintos.
Datos normativos para el A-DES están disponibles en varios estudios. En el estudio de validación original, Armstrong et al. (1997) reportaron puntuaciones medias para su muestra clínica de adolescentes con trastornos disociativos (M = 4.8, DE = 1.1), trastornos psiquiátricos generales (M = 2.2, DE = 1.6) y trastornos psicóticos (M = 3.7, DE = 1.8). Smith y Carlson (1996) proporcionaron datos de una muestra no clínica de adolescentes (M = 2.24, DE = 1.4). Farrington et al. (2001) reportaron medias para su gran muestra no clínica de adolescentes británicos de 11 a 16 años (M = 2.66, DE = 1.81), sin encontrar diferencias significativas por edad o género. Solo un estudio, realizado por Muris et al. (2003), reportó una puntuación media total y desviación estándar para la escala total, así como para cada una de las cuatro subescalas. En su muestra de 331 adolescentes no clínicos, reportaron una puntuación media total de 1.27 (DE = 1.18), una puntuación de amnesia de 1.36 (DE = 1.37), una puntuación de absorción e implicación imaginativa de 1.79 (DE = 1.46), una puntuación media de despersonalización/desrealización de 0.82 (DE = 1.16), y una puntuación media de influencia pasiva de 1.58 (DE = 1.50).
Se ha sugerido una puntuación de corte de 4.0 para identificar adolescentes con disociación patológica (Kisiel & Lyons, 2001). Basándose en los datos normativos disponibles y los hallazgos clínicos de diversos estudios, NovoPsych presenta directrices interpretativas para el A-DES. Se proponen cuatro categorías de severidad:
Estas categorías interpretativas proporcionan a los clínicos un marco para contextualizar las puntuaciones del A-DES en relación con grupos de referencia tanto no clínicos como clínicos, facilitando la diferenciación entre experiencias adolescentes normativas y una disociación potencialmente patológica.
Cuando la puntuación del A-DES supera 4.0, se recomienda una evaluación adicional para un trastorno disociativo, que podría incluir una entrevista clínica estructurada. Cabe señalar que depender estrictamente de este umbral podría pasar por alto casos con disociación clínicamente significativa, ya que Armstrong et al. (1997) encontraron síntomas disociativos significativos incluso en su muestra psiquiátrica general (media = 2.2). Por lo tanto, considerar un punto de corte reducido en el rango Moderado (3.0-3.9) resultará en una mayor sensibilidad, especialmente cuando existe un historial de trauma o cuando las puntuaciones en subescalas específicas están notablemente elevadas.
Armstrong, J. G., Putnam, F. W., Carlson, E. B., Libero, D. Z., & Smith, S. R. (1997). Development and validation of a measure of adolescent dissociation: The Adolescent Dissociative Experiences Scale. The Journal of Nervous and Mental Disease, 185(8), 491-497. https://doi.org/10.1097/00005053-199708000-00003
Brunner, R., Parzer, P., Schuld, V., & Resch, F. (2000). Dissociative symptomatology and traumatogenic factors in adolescent psychiatric patients. The Journal of Nervous and Mental Disease, 188(2), 71-77. https://doi.org/10.1097/00005053-200002000-00003
Farrington, A., Waller, G., Smerden, J., & Faupel, A. W. (2001). The Adolescent Dissociative Experiences Scale: Psychometric properties and difference in scores across age groups. The Journal of Nervous and Mental Disease, 189(10), 722-727. https://doi.org/10.1097/00005053-200110000-00010
Kisiel, C. L., & Lyons, J. S. (2001). Dissociation as a mediator of psychopathology among sexually abused children and adolescents. American Journal of Psychiatry, 158(7), 1034-1039. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.158.7.1034
Lindfors, K. U. M., Therman, S., Lindgren, M., Kekkonen, V., & Tolmunen, T. (2022). Factor structure, measurement invariance, and abbreviated versions of The Adolescent Dissociative Experiences Scale (A-DES). Journal of Trauma & Dissociation, 23(4), 464-479. https://doi.org/10.1080/15299732.2022.2064575
Muris, P., Merckelbach, H., & Peeters, E. (2003). The links between the Adolescent Dissociative Experiences Scale (A-DES), fantasy proneness, and anxiety symptoms. The Journal of Nervous and Mental Disease, 191(1), 18-24. https://doi.org/10.1097/00005053-200301000-00004
Seeley, S. M. K., Perosa, S. L., & Perosa, L. M. (2004). A validation study of the Adolescent Dissociative Experiences Scale. Child Abuse & Neglect, 28(7), 755-769. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2004.01.006
Smith, S. R., & Carlson, E. B. (1996). Reliability and validity of the Adolescent Dissociative Experiences Scale. Dissociation, 9(2), 125-129.
Zoroglu, S. S., Sar, V., Tuzun, U., Tutkun, H., & Savas, H. A. (2002). Reliability and validity of the Turkish version of the Adolescent Dissociative Experiences Scale. Psychiatry and Clinical Neurosciences, 56(5), 551-556. https://doi.org/10.1046/j.1440-1819.2002.01053.x