La Escala de Atracones (BES) es un instrumento de autoevaluación compuesto por 16 ítems, diseñado para evaluar la presencia y las manifestaciones conductuales del trastorno por atracón (BED) (Gormally et al., 1982).
La escala evalúa tanto la gravedad como la frecuencia de los episodios de atracones, lo que permite comprender mejor los comportamientos, las emociones y las actitudes asociadas al trastorno por atracón (BED) y ayuda a identificar a las personas con trastornos alimentarios. La escala BES es una herramienta útil para que los profesionales clínicos evalúen la gravedad y la frecuencia de los comportamientos de atracón. Ofrece una medida tanto de los comportamientos como de los sentimientos y pensamientos asociados.
Ejemplos de elementos BES
El BES se adapta a la realización de evaluaciones tanto en entornos clínicos como no clínicos. Sirve para realizar evaluaciones, valorar la evolución del tratamiento a lo largo del tiempo y evaluar la respuesta general a las intervenciones.
De los 16 ítems, 8 se refieren a las manifestaciones conductuales de los atracones y 8 a los sentimientos y pensamientos que surgen como respuesta a los atracones, aunque la escala es unidimensional.
Las puntuaciones totales en la escala BES oscilan entre 0 y 46, y las puntuaciones más altas indican una mayor frecuencia y gravedad de los síntomas de atracones, tal y como se describen en los criterios del DSM.
La escala clasifica a las personas en distintas categorías de gravedad en función de sus puntuaciones totales, de la siguiente manera:
El percentil se utiliza para situar la puntuación de un encuestado en el contexto de la muestra comunitaria normativa. La muestra comunitaria normativa representa el nivel típico de síntomas de atracones que se observa en la población general (Duarte et al., 2015). Un percentil de 50 sugiere una relación típica (y saludable) con la alimentación, mientras que un percentil de 99 indica que el encuestado obtiene una puntuación superior a la del 99 % de las personas, lo que apunta a síntomas graves compatibles con el trastorno por atracón.
El gráfico horizontal muestra la puntuación en comparación con las distribuciones normativas de la población general y clínicas, con áreas sombreadas alrededor de los dos cuartiles centrales (entre el percentil 25 y el 75). La distribución clínica representa a las personas diagnosticadas con trastorno por atracón (Leone et al., 2018). Este gráfico ayuda a contextualizar las puntuaciones en comparación con la distribución de las respuestas entre las muestras normativas de la comunidad y las clínicas (Duarte et al., 2015; Leone et al., 2018). Aplicando una puntuación de corte de 17, el BES clasifica con precisión el 96,7 % de los casos, lo que demuestra una sensibilidad del 81,8 % y una especificidad del 97,8 % (Duarte et al., 2015).
En el caso de administraciones múltiples, el gráfico lineal muestra gráficamente las puntuaciones totales del encuestado a lo largo de las sesiones. Se define como un cambio significativo (~0,5 DE) en la puntuación un aumento o una disminución de al menos 4 puntos o más en la puntuación total. Este criterio se basa en el cálculo de la Diferencia Mínimamente Importante (MID). Dichos cambios indican una mejora o una reducción significativa de los síntomas, mientras que un cambio inferior a los puntos especificados sugiere que no se ha producido ningún cambio significativo en la gravedad de los síntomas entre las evaluaciones.
Se ha observado que las puntuaciones más altas en la escala BES presentan una correlación positiva significativa con el IMC, la depresión, el estado de ánimo negativo, los sentimientos de ineficacia y la baja autoestima. Por el contrario, las puntuaciones más bajas en la escala BES se asocian con la calidad de vida relacionada con la salud (Pasold et al., 2013). Las personas con TCA tienen tasas más elevadas de depresión mayor a lo largo de la vida, así como una mayor probabilidad de padecer otros trastornos del estado de ánimo, de consumo de sustancias y de la personalidad, en comparación con quienes no padecen TCA (Telch y Stice, 1998).
El BES se desarrolló utilizando dos muestras de personas con sobrepeso que buscaban tratamiento conductual para la obesidad. La primera muestra (N = 65) estaba compuesta exclusivamente por mujeres, con una edad media de 39,3 años (DE = 8,1, rango de 24 a 55). La segunda muestra (N = 47), que incluía un 68 % de mujeres, tenía una edad media de 41,2 años (DE = 11,6, rango de 24 a 67). Para estas muestras, las puntuaciones combinadas del BES tuvieron una media de 21,03 (DE = 8,75). El desarrollo del BES implicó varios pasos. En primer lugar, se identificaron las características de los atracones basándose en observaciones clínicas y en los criterios del DSM, lo que dio lugar a 16 ítems divididos en sentimientos/cogniciones y manifestaciones conductuales. Las afirmaciones que reflejaban diversos grados de gravedad para cada característica fueron ponderadas por los autores, asignándose las ponderaciones finales tras un debate.
Para comparar el BES con un criterio externo, se llevaron a cabo entrevistas estructuradas destinadas a evaluar la gravedad de los atracones en función de la frecuencia, la cantidad de comida y el impacto emocional. Los entrevistadores, que habían recibido formación y habían superado pruebas de fiabilidad, utilizaron este criterio para garantizar la precisión de las valoraciones, que en general resultaron coherentes (Gormally et al., 1982).
Un análisis factorial confirmatorio (AFC) realizado con una muestra comunitaria de 1008 mujeres (edad media = 39,48; DE = 10,05) confirmó la estructura unidimensional de la BES, con un ajuste excelente a los datos (Duarte et al., 2015). El análisis de consistencia interna del BES mostró que las encuestadas que estaban de acuerdo con las afirmaciones de mayor ponderación solían obtener puntuaciones totales más altas (Gormally et al., 1982). La escala demostró una fiabilidad de constructo muy buena, con una fiabilidad compuesta (CR) de 0,96, y una buena validez convergente, con una varianza media extraída (AVE) de 0,61 (Duarte et al., 2015).
The BES has high positive correlations with the EDE-Q total score, particularly with the shape and weight concern subscales, and a moderate correlation with the restraint subscale. Additionally, the scale shows a strong positive correlation with emotional eating and with depression, stress, and anxiety as measured by the DASS-21. A moderate positive correlation was found between the BES and Body Mass Index (BMI) (Duarte et al., 2015). The intraclass correlation coefficient (ICC) for the scale, when repeated one month after the initial test, was 0.83 (p < 0.01), indicating strong stability and reliability (Yan et al., 2023).
Se utilizó una muestra de 1507 personas diagnosticadas con trastorno por atracón, con una edad media de 46 años (rango de 18 a 70 años; 72,2 % mujeres), para determinar los percentiles clínicos (Leone et al., 2018). La muestra utilizada para calcular los percentiles normativos de la comunidad estaba compuesta por 1008 participantes de sexo femenino con edades comprendidas entre los 18 y los 60 años, con una edad media de 29,21 años (DE = 11,63). Esta incluía a 553 estudiantes universitarias y 455 personas de la población general (Duarte et al., 2015).
Los individuos se clasifican en tres grupos de gravedad según los valores de corte establecidos por Marcus et al. (1985):
Estas clasificaciones se basan en el marco establecido por Marcus et al. (1985), que ofrece un enfoque estructurado para evaluar la intensidad del comportamiento de atracones. El BES distingue de manera eficaz entre personas con problemas de atracones leves, moderados o graves (Gormally et al., 1982; Marcus et al., 1985).
La siguiente tabla muestra cómo se comparan las puntuaciones totales en el BES (véase la Tabla 1) con las muestras normativas de la población general y clínicas (Duarte et al., 2015; Leone et al., 2018). Cada puntuación va acompañada de un percentil normativo comunitario y clínico correspondiente, que indica el porcentaje de personas que obtuvieron una puntuación igual o inferior. Por ejemplo, una puntuación de 16 se sitúa en el percentil 91 de la comunidad normativa y en el percentil 21 de la muestra clínica. Esto indica que el 91 % de las personas del grupo de la comunidad normativa y el 21 % de las personas del grupo clínico obtuvieron una puntuación de 16 o inferior. Estos gráficos son fundamentales para contextualizar las puntuaciones totales de una persona en la BES, ya que permiten comprender mejor su situación en relación con otras personas de la comunidad y con aquellas que padecen trastorno por atracón.
Tabla 1
Gormally, J., Black, S., Daston, S., & Rardin, D. (1982). The assessment of binge-eating severity among obese persons. Addictive Behaviors, 7(1), 47–55. https://doi.org/10.1016/0306-4603(82)90024-7
Brownley, K. A., Berkman, N. D., Peat, C. M., Lohr, K. N., Cullen, K. E., Bann, C. M., & Bulik, C. M. (2016). Binge-Eating Disorder in Adults: A Systematic Review and Meta-analysis. Annals of Internal Medicine, 165(6), 409–420. https://doi.org/10.7326/M15-2455
Duarte, C., Pinto-Gouveia, J., & Ferreira, C. (2015). Expanding binge-eating assessment: Validity and screening value of the Binge-eating Scale in women from the general population. Eating Behaviors, 18, 41–47. https://doi.org/10.1016/j.eatbeh.2015.03.007
Gormally, J., Black, S., Daston, S., & Rardin, D. (1982). The assessment of binge-eating severity among obese persons. Addictive Behaviors, 7(1), 47–55. https://doi.org/10.1016/0306-4603(82)90024-7
Marcus, M. D., Wing, R. R., & Lamparski, D. M. (1985). Binge-eating and dietary restraint in obese patients. Addictive Behaviors, 10(2), 163–168. https://doi.org/10.1016/0306-4603(85)90022-X
Leone, A., Vignati, L., Battezzati, A., De Amicis, R., Ponissi, V., Beggio, V., Bedogni, G., Vanzulli, A., & Bertoli, S. (2018). Association of Binge-eating Behavior with Total and Abdominal Adipose Tissue in a Large Sample of Participants Starting a Weight Loss or Maintenance Program. Journal of the American College of Nutrition, 37(8), 701–707. https://doi.org/10.1080/07315724.2018.1463184
Pasold, T. L., McCracken, A., & Ward-Begnoche, W. L. (2014). Binge eating in obese adolescents: Emotional and behavioral characteristics and impact on health-related quality of life. Clinical Child Psychology and Psychiatry, 19(2), 299–312. https://doi.org/10.1177/1359104513488605
Telch, C. F., & Stice, E. (1998). Psychiatric Comorbidity in Women With Binge-eating Disorder: Prevalence Rates From a Non-Treatment-Seeking Sample. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 66(5), 768–776. https://doi.org/10.1037/0022-006X.66.5.768
Timmerman, G. M. (1999). Binge-eating Scale: Further Assessment of Validity and Reliability. Journal of Applied Biobehavioral Research, 4(1), 1–12. https://doi.org/10.1111/j.1751-9861.1999.tb00051.x
Yan, H.-Y., Lin, F.-G., Tseng, M.-C. M., Fang, Y.-L., & Lin, H.-R. (2023). The psychometric properties of Binge-eating Scale among overweight college students in Taiwan. Journal of Eating Disorders, 11(1), 47–56. https://doi.org/10.1186/s40337-023-00774-3