La Escala de Evaluación para Padres del TDAH de Vanderbilt (VADPRS) es un cuestionario de 55 ítems, cumplimentado por los padres, diseñado para evaluar los síntomas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y las comorbilidades más frecuentes en niños de entre 5 y 12 años (Wolraich et al., 2003).
Desarrollado en un contexto clínico, el VADPRS evalúa seis dimensiones clínicas distintas (además del deterioro funcional):
Muestra del VADPRS
Además, la escala evalúa el deterioro funcional en los ámbitos académico y social, analizando el rendimiento del niño en ocho áreas, entre las que se incluyen la lectura, las matemáticas y las relaciones con los compañeros. Esta escala de deterioro funcional se utiliza para determinar si un niño cumple o no los criterios clínicos de corte para cada una de las dimensiones evaluadas.
Para los profesionales clínicos, la VADPRS ofrece varias ventajas claras, especialmente en la evaluación integral del TDAH. La escala ha sido avalada por la Academia Americana de Pediatría como parte de su protocolo de evaluación recomendado para el TDAH, lo que la convierte en un componente estándar de las guías de práctica clínica (Wolraich et al., 2011). La VADPRS ayuda en la evaluación, la planificación del tratamiento y la evaluación de la intervención. Como herramienta de evaluación, ayuda a identificar patrones de síntomas que se corresponden directamente con los criterios diagnósticos del DSM para el TDAH y las comorbilidades comunes. Esto resulta especialmente valioso para distinguir entre los subtipos de TDAH e identificar problemas adicionales que puedan complicar el tratamiento.
También existe una versión complementaria evaluada por el profesor, la Escala de Evaluación del TDAH de Vanderbilt para Profesores (VADTRS). Esta puede utilizarse en combinación con la VADPRS para garantizar que los síntomas se observan en múltiples entornos, lo cual es un requisito diagnóstico clave para el TDAH según los criterios del DSM. El uso combinado de la VADPRS y la VADTRS ayuda a los profesionales clínicos a identificar si existe un deterioro funcional en distintos entornos, a distinguir entre dificultades situacionales y generalizadas, y a desarrollar estrategias de intervención más específicas que aborden las necesidades propias de cada entorno.
El VADPRS ha demostrado su utilidad en diversos grupos de población, y los estudios respaldan su uso tanto en muestras clínicas derivadas como en poblaciones comunitarias. En la planificación del tratamiento, las puntuaciones específicas en las dimensiones del VADPRS pueden indicar la necesidad de intervenciones específicas dirigidas a aspectos concretos del funcionamiento. Por ejemplo, unas puntuaciones elevadas en la subescala de «Trastorno oposicionista desafiante» podrían sugerir la necesidad de formación para los padres en materia de manejo del comportamiento, mientras que unas puntuaciones elevadas en «Ansiedad/Depresión» podrían indicar la necesidad de apoyo emocional adicional.
Las puntuaciones de la Escala de Valoración Parental para el Diagnóstico del TDAH de Vanderbilt (VADPRS) se componen de puntuaciones de subescalas en múltiples ámbitos clínicos. Las puntuaciones más altas indican niveles más elevados de síntomas en cada uno de los ámbitos evaluados. Se proporcionan puntuaciones para las siguientes subescalas de la VADPRS:

TEl VADPRS emplea tanto el recuento de síntomas como la puntuación dimensional. La puntuación bruta utiliza la técnica de puntuación dimensional, en la que las puntuaciones totales de cada subescala proporcionan medidas continuas de la gravedad de los síntomas, de modo que las puntuaciones más altas equivalen a una mayor gravedad de los síntomas. Los percentiles se basan en estas puntuaciones brutas dimensionales y se derivan de una muestra de 1.570 cuidadores de niños de entre 5 y 12 años (Anderson et al., 2022). Las puntuaciones se presentan como rangos percentiles basados en datos normativos específicos por edad para cuatro grupos: 5-6 años, 7-8 años, 9-10 años y 11-12 años. Los percentiles indican la posición del niño en relación con sus compañeros de la misma edad en la muestra normativa. Para los niños fuera del rango de edad objetivo, se utilizan normas combinadas con la debida precaución en la interpretación. Un percentil de 50 indica que el nivel de síntomas del niño se encuentra en los niveles medios y esperados para un niño de ese grupo de edad, y un percentil de 90 indica que el niño presenta niveles de síntomas relativamente altos en comparación con sus compañeros (es decir, superiores al 90 % de sus compañeros).

Los umbrales clínicos se basan en el recuento de síntomas, según el cual los comportamientos calificados como «a menudo» o «muy a menudo» se consideran síntomas significativos; los umbrales clínicos se establecen en función del cumplimiento tanto de los números mínimos requeridos como del deterioro funcional (preguntas 48-55). Los casos de TDAH requieren seis o más síntomas que cumplan los criterios, además de un deterioro funcional en al menos un ámbito. El trastorno negativista desafiante requiere cuatro o más síntomas más deterioro, el trastorno de conducta requiere tres o más síntomas más deterioro, y la ansiedad/depresión requiere tres o más síntomas más deterioro funcional. Las preguntas sobre el deterioro funcional (preguntas 48-55) evalúan ocho ámbitos del rendimiento académico y las relaciones sociales, en los que las puntuaciones de 1 o 2 indican un deterioro significativo.

Tenga en cuenta que, en ocasiones, pueden darse discrepancias en las que un niño no alcance el umbral clínico, pero su percentil sea elevado (en el percentil 90 o superior). Esto podría deberse a varias razones. En primer lugar, es posible que no cumpla los criterios de deterioro funcional: sus síntomas son intensos, pero no parecen afectar a su funcionamiento diario. Esto podría requerir una investigación más profunda y entrevistar al informante para determinar si comprende bien el impacto en el funcionamiento diario del niño. La otra razón por la que esto podría ocurrir es que el cliente obtenga puntuaciones altas en un pequeño número de preguntas sobre síntomas, pero muy bajas en otras, y aunque pueda tener una discapacidad funcional, el umbral real utilizando el enfoque de recuento de síntomas empleado para el umbral clínico no se alcance por poco. Esto también es inusual y podría requerir una investigación más profunda.

En la primera administración del VADPRS, se muestran dos gráficos. El primer gráfico de barras horizontales muestra las puntuaciones brutas de los subtipos de TDAH, con las muestras normativas y clínicas sombreadas en el fondo (las muestras se muestran entre los percentiles 25 y 75). La muestra de percentiles normativos es la misma que la utilizada para derivar los percentiles (es decir, la muestra de Anderson et al., 2022), mientras que los percentiles clínicos se derivan de una muestra de NovoPsych de más de 3000 niños que cumplían los criterios de corte clínicos. El segundo gráfico muestra los percentiles normativos para todas las subescalas con un fondo de color en el percentil 90 y superiores, lo que indica puntuaciones elevadas. En este gráfico se presenta una línea en el percentil 50 que indica un nivel medio de síntomas para cada una de las subescalas. Las administraciones posteriores del VADPRS muestran dos gráficos longitudinales que muestran (i) las puntuaciones brutas de los subtipos de TDAH y (ii) los percentiles de comorbilidad a lo largo del tiempo.

Cuando se dispone de puntuaciones del VADPRS en varios momentos, los cambios en dichas puntuaciones pueden aportar información valiosa sobre la eficacia de las intervenciones o sobre la evolución de los síntomas. A efectos de interpretación comparativa, se consideran clínicamente significativas (la diferencia mínima importante) las variaciones de al menos 0,5 desviaciones estándar en las puntuaciones brutas (Norman et al., 2003; Turner et al., 2010). Estas variaciones se clasifican como «significativas» (ya sea una mejora [diferencia mínima importante] reducción en la puntuación bruta) o deterioro (diferencia mínimamente importante aumento en la puntuación bruta)), «leves» (que muestran algún cambio, pero no alcanzan el nivel de la diferencia mínimamente importante) o «ninguno» (sin cambios en la puntuación bruta). Si procede, este texto interpretativo que describe el cambio en las puntuaciones se muestra en primer lugar dentro de la sección de texto interpretativo.
El VADPRS se validó inicialmente en una población clínica de 243 niños, donde demostró una alta consistencia interna con coeficientes alfa de Cronbach superiores a 0,90 para cada una de las manifestaciones del TDAH, así como para las subescalas de externalización e internalización (Wolraich et al., 2003). El análisis factorial identificó una sólida estructura de cuatro factores que comprende las dimensiones de falta de atención, hiperactividad/impulsividad, problemas de oposición desafiante/conducta y ansiedad/depresión. La consistencia interna del VADPRS se ha demostrado de forma sistemática en múltiples estudios y poblaciones. En el estudio de validación original, las fiabilidades de consistencia interna de la escala completa mostraron valores del alfa de Cronbach de 0,90 o superiores en todas las muestras y métodos de medición (Wolraich et al., 2003). La validación posterior en una muestra comunitaria de 215 niños de entre 7 y 11 años confirmó una fiabilidad excelente, con coeficientes alfa de 0,94 para la subescala de TDO, 0,79 para el TC y 0,93 para la ansiedad/depresión (Becker et al., 2012). Un estudio normativo a gran escala en el que participaron 1570 cuidadores encontró una consistencia interna que oscilaba entre 0,90 y 0,96 en todas las subescalas, lo que demuestra que la fiabilidad sigue siendo excelente en poblaciones diversas (Anderson et al., 2022).
El análisis factorial confirmatorio ha respaldado firmemente la estructura teórica en la que se basa el VADPRS. Mediante el software EQS, la escala demostró un ajuste satisfactorio con el modelo de dos factores del TDAH, con índices de ajuste comparativos superiores a 0,90 en múltiples muestras de padres (Wolraich et al., 2003). La correlación entre los factores de falta de atención e hiperactividad/impulsividad osciló entre 0,75 y 0,79, lo que indica un solapamiento sustancial pero adecuado entre estas dimensiones. Al examinar la estructura completa de cuatro factores, incluidas las escalas de comorbilidad, el modelo alcanzó un CFI de 0,93, lo que respalda la naturaleza multidimensional de la evaluación. La validación internacional ha confirmado esta estructura factorial, y la versión en árabe ha demostrado excelentes índices de ajuste, incluyendo un CFI = 0,956, un TLI = 0,942 y un RMSEA = 0,049 (Alqahtani et al., 2024).
La validez de constructo de la VADPRS se ve respaldada por sus relaciones teóricamente coherentes con medidas ya consolidadas. La escala demostró una alta validez concurrente con la Escala de Entrevista Diagnóstica Computerizada para Niños-IV (CDI-IV), alcanzando una correlación de r = 0,79 para la puntuación total de TDAH (Wolraich et al., 2003). Esta sólida relación con una entrevista diagnóstica estructurada proporciona evidencia de que la VADPRS mide los mismos constructos subyacentes que se evalúan mediante procedimientos diagnósticos exhaustivos. La capacidad de la escala para diferenciar entre distintas presentaciones clínicas, al tiempo que mantiene las intercorrelaciones adecuadas entre los dominios relacionados, respalda tanto la validez convergente como la discriminante.
Los datos normativos del VADPRS se han establecido mediante un estudio nacional exhaustivo representativo de la población de Estados Unidos. A partir de una muestra combinada de 1.570 cuidadores de niños de entre 5 y 12 años, las siguientes medias y desviaciones estándar sirven de puntos de referencia para la interpretación (Anderson et al., 2022):
Estos valores normativos permiten calcular los rangos percentiles para su interpretación clínica, con normas específicas por edad disponibles para cuatro grupos de desarrollo que abarcan edades comprendidas entre los 5 y los 12 años (grupos de edad de 5 a 6, 7 a 8, 9 a 10 y 11 a 12 años).
Wolraich, M. L., Lambert, W., Doffing, M. A., Bickman, L., Simmons, T., & Worley, K. (2003). Psychometric properties of the Vanderbilt ADHD diagnostic parent rating scale in a referred population. Journal of Pediatric Psychology, 28(8), 559-567. https://doi.org/10.1093/jpepsy/jsg046
Alqahtani, M. M. J., Al Saud, N. M., Alsharef, N. M., Alsalhi, S. M., Al-Hifthy, E. H., AlHadi, A. N., Ad-Dab’bagh, Y., Alenazi, F. A., Alotaibi, B. M., Alsaeed, S. M., Arnout, B. A., ALQasem, L., Alhossein, A., Alqahtani, Y. J., AlGhamdi, S. A., Alrahili, N., Varnham, J., & Asiri, S. A. (2024). Psychometric properties of the Arabic Vanderbilt children’s ADHD diagnostic rating scale (VADRS-A) in a Saudi population sample. Scandinavian Journal of Child and Adolescent Psychiatry and Psychology, 12(1), 72–83. https://doi.org/10.2478/sjcapp-2024-0008
Anderson, J. R., Machalicek, W., Wolraich, M. L., Glanzman, M., DuPaul, G. J., Danielson, M. L., & Visser, S. N. (2022). National norms for the Vanderbilt ADHD Diagnostic Parent Rating Scale in children. Journal of Pediatric Psychology, 47(6), 652-666. https://doi.org/10.1093/jpepsy/jsab138
Becker, S. P., Langberg, J. M., Vaughn, A. J., & Epstein, J. N. (2012). Clinical utility of the Vanderbilt ADHD diagnostic parent rating scale comorbidity screening scales. Journal of Developmental and Behavioral Pediatrics: JDBP, 33(3), 221–228. https://doi.org/10.1097/DBP.0b013e318245615b
Norman, G. R., Sloan, J. A., & Wyrwich, K. W. (2003). Interpretation of changes in health-related quality of life: The remarkable universality of half a standard deviation. Medical Care, 41(5), 582–592. https://doi.org/10.1097/01.MLR.0000062554.74615.4C
Turner, D., Schünemann, H. J., Griffith, L. E., Beaton, D. E., Griffiths, A. M., Critch, J. N., & Guyatt, G. H. (2010). The minimal detectable change cannot reliably replace the minimal important difference. Journal of Clinical Epidemiology, 63(1), 28–36. https://doi.org/10.1016/j.jclinepi.2009.01.024
Wolraich, M. L., Brown, L., Brown, R. T., DuPaul, G., Earls, M., Feldman, H. M., Ganiats, T. G., Kaplanek, B., Meyer, B., Perrin, J., Pierce, K., Reiff, M., Stein, M. T., & Visser, S. (2011). ADHD: Clinical practice guideline for the diagnosis, evaluation, and treatment of attention-deficit/hyperactivity disorder in children and adolescents. Pediatrics, 128(5), 1007-1022. https://doi.org/10.1542/peds.2011-2654